domingo, 16 de septiembre de 2012

Capítulo 30 (FINAL)



PETYR
 Una vez en su habitación, se dispuso a recoger las escasas pertenencias. Sacó el pequeño baúl que trajo consigo la noche que llegó. Miró alrededor: nada de lo que había allí era suyo realmente, ni siquiera la ropa que llevaba puesta. Si hubiera podido, se habría marchado desnudo de Aguasdulces. Dejó el baúl en el mismo lugar en el que estaba y sólo tomó los dragones de oro que atesoraba en un cajón del armario.

Después de una comida frugal en el cuarto, bajó las escaleras con lo puesto. Según Ser Brynden, Lord Hoster había prohibido a sus hijas que fueran a decirle adiós siquiera. La historia se repetía: se iba con la misma poca importancia para los habitantes del castillo que cuando llegó. Nadie vino a recibirlo a pie de calle en aquella ocasión y ahora ningún miembro de la familia Tully salía a despedirlo. Llegó a la puerta de la fortaleza acompañado sólo del eco de sus propios pasos. Lo aguardaba ya el transporte que lo alejaría de allí, de lo que había sido su vida: casi diez años de felicidad y unos últimos meses de sufrimiento mezclado con la experiencia del primer amor y el sexo.

Qué raro era todo… Llegó siendo un niño y se marchaba como una especie hombre a medio hacer. Se pasó la mano por la barbita del mentón y después por el pecho, palpando el lugar de la cicatriz. Ahora no le importaba tenerla: así siempre recordaría que una vez fue débil y ya no volvería a serlo. De repente, vio planear sobre él a un pequeño sinsonte. El pajarillo era el único que parecía decirle adiós. Emitió un canto melancólico similar al de un ruiseñor. Siempre le había entusiasmado ese animal, minúsculo, gris y poco importante, pero capaz de imitar el canto de otros pájaros para engañar a sus enemigos: el rey de la impostura. Eso era en lo que lo habían convertido a él, en lo que le habían obligado a transformarse.




Justo antes de subir al carro, dirigió una última mirada hacia Aguasdulces. Le pareció reconocer una silueta recortada en una de las ventanas. Levantaba la mano y le decía adiós. No supo distinguir quién de las dos hermanas era. Se obligó a no responder al gesto y se tragó sus propias lágrimas. «Algún día volveremos a encontrarnos», pensó. «Y ya no seré un niño tonto. Ahora sé lo que soy y obtendré lo que deseo. He aprendido que no puedo ganar en vuestro juego, pero sí puedo ser el triunfador del mío, como siempre lo he sido. Y te convertiré en mi doncella de nieve para siempre, Cat. Lo juro aquí y ahora.» Sin dudarlo, se metió en el carruaje y no miró hacia atrás.

FIN


sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 29


CATELYN
Sabía que llegaba tarde pero, aún así, se acercó a la habitación de Petyr. Llamó a la puerta. Silencio absoluto. Volvió a golpear suavemente la madera. De nuevo no obtuvo respuesta. Entonces lo vio llegar por el pasillo, derrotado, andando erráticamente. Ya se había enterado de la noticia. Él levantó la cabeza y la miró torvo. Catelyn se dejó llevar y corrió a abrazarlo, pero el muchacho se quedó tieso como un palo. Ella se arrepintió de haber cedido al impulso y se apartó de él, ofendida. «Cat, me echan de Aguasdulces. No hagas esto más duro, por favor.» La muchacha se mordió el labio inferior. «Lo siento, Petyr, no era mi intención. Quería habértelo dicho yo, pero mi tío se adelantó por lo que veo. Te juro que esto me duele tanto como a ti.» Él negó con la cabeza. «No lo creo. Ante ti se abre un futuro espléndido, casada con un joven como el que siempre soñaste: alto, fuerte, con el pelo oscuro y barba, ¿lo recuerdas?», y rió al decir esto último, dirigiendo sus ojos gris verdoso hacia ella. Cat sonrió a su vez. «Es cierto, no puedo decir que no me guste… pero no lo conozco, es sólo un matrimonio concertado. No sé si me ama o si llegará a hacerlo. Y sentir que te aman es algo… maravilloso. Ahora me he dado cuenta.» Petyr se pasó la mano por el pelo, bajando la mirada. «Todo esto era algo imposible, Cat, ahora soy consciente de ello. Pero me queda el consuelo de saber que llegaste a sentir algo por mí y fuiste mía. Eso no me lo podrá quitar nadie. Jamás.» Y, sin que ella lo esperara, la besó en la boca con su aliento de menta y se metió en el cuarto, dejándola perpleja.
Fuente imagen: http://algesiras.deviantart.com/

viernes, 14 de septiembre de 2012

Capítulo 28

 
PETYR
Fue llamado para presentarse ante Ser Brynden Tully. Como Lord Hoster aún reposaba de su ataque, delegó en su hermano el asunto de Petyr, que había quedado en suspenso. El muchacho lo prefirió, porque tenía más confianza con el Pez Negro, quien había sido más un padre para él que el propio señor de Aguasdulces. Petyr aún recordaba una noche, hacía unos tres años, en la que Edmure, Cat, Lysa y él se habían emborrachado con dorado del Rejo aprovechando la ausencia de los adultos y Ser Brynden se había ocupado de ocultar el estropicio a Lord Hoster para que no los castigara. En aquella ocasión, Petyr había estado bailando con Cat y ella parecía divertirse mucho. En ese estado de embriaguez, él intentó besar a Catelyn, pero ésta lo rechazó bruscamente. Por aquel entonces aún no tenía tan claros sus sentimientos; lo que sentía era una especie de veneración por aquella niña alta de pelo castaño rojizo que se movía con tanta elegancia en torno a él bajo el influjo del alcohol, riendo a carcajadas y lanzándole besos con picardía. Aquello quedaba tan lejos en el tiempo... Eran sólo unos críos, aunque, ¿eran adultos ahora? Estaban madurando a través de desengaños y sufrimientos. Hubiera preferido no crecer nunca y volver a ser el niño que jugaba a ser el caballero de Cat. Pero eso era imposible. 

Ser Brynden ya lo esperaba en el salón principal de Aguasdulces. Petyr entró tranquilo y se sentó frente a él. Imaginaba que se había tomado alguna decisión sobre su futuro en el castillo. Él no estaba muy preocupado: Cat no tardaría en casarse y el problema quedaría solucionado con su marcha, aunque él perdiera al amor de su vida... Al menos la vería alguna vez cuando ella visitara a su padre. Por lo que había oído, Lysa también se iba a casar, no tenía claro con quién; ella no le comentó nada cuando estuvieron juntos en su cuarto, pero la notó tan triste que posiblemente ya supiera algo en ese momento. En cierto modo, lo que ocurrió entre ellos tenía un dejo de despedida y también de despecho por ambas partes. Petyr desahogó sus deseos de poseer conscientemente a Cat con Lysa y ella pareció buscarlo a su vez como cuando le pidió un beso de menta: para experimentar qué se sentía haciendo el amor con alguien querido. Después de aquel encuentro, ella se marchó sin despertarlo y no volvió a verla. Había sido algo muy raro, pero no se arrepentía. Todo lo que estaba ocurriendo parecía haberle endurecido y no creía que nada pudiera hacerle daño ya. Pero esto sólo era una manera de ocultar todos sus temores e inseguridades. Era necesario hacerse una coraza para no mostrar más sus debilidades.


Ser Brynden comenzó a hablar a Petyr: «Hijo, mi hermano y yo hemos estado hablando sobre qué hacer contigo. Debes reconocer que tu presencia aquí ya no es bienvenida. Eres joven, pero nunca te había tenido por un alocado. Desde que viniste, percibí mucho mejor que Lord Hoster tu valía e intelecto. Es una pena que todo tenga que precipitarse y terminar de este modo.» Petyr escuchaba serio y tenso. ¿Qué iban a hacer con él? Su sueño habría sido quedarse en Aguasdulces como administrador para aprender todos los secretos de la economía de un gran señorío. «Te aseguro que he intentado por todos los medios suavizar la decisión de mi hermano, pero no ha dado su brazo a torcer: te irás de Aguasdulces y regresarás a Los Dedos.» Petyr no creía lo que estaba oyendo. ¡Volver a ese sitio miserable, como un perro apaleado y con el rabo entre las piernas! La sangre le subió a la cabeza y dejó de oír lo que Ser Brynden seguía diciendo, como si se hubiera caído a un pozo y oyera voces desde el brocal, ecos ininteligibles. Sólo acertó a entender que esa misma tarde abandonaría el castillo. Se levantó como un muerto viviente, incapaz de responder, y se dirigió a su habitación con la mente confusa.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Capítulo 27

 
CATELYN
Mientras su padre estaba convaleciente, Catelyn volvía a asumir las tareas de señora de Aguasdulces. Las ocupaciones no le ayudaban a quitarle de la cabeza los acontecimientos recientes. Lo ocurrido durante la reunión con Petyr se había mantenido en secreto, pero ella sabía por Lysa que andaba de por medio el honor de la familia. Su hermana le había confesado que había dejado de ser doncella con él, aprovechando su reposo. Cat sintió una punzada de celos cuando oyó eso, no entendía por qué. Iba a casarse con un hombre de posición social importante, joven y guapo, y sería la señora de una gran fortaleza como Invernalia, pero no lograba sacar de su cabeza al muchacho enamorado de ella. Si tanto la quería, ¿por qué había compartido su lecho con Lysa? Se pasó la mano por la cara: la tenía ardiendo. Imaginar qué sería estar con él en la intimidad la hizo estremecerse. Nunca lograba ponerse en esa situación con Brandon Stark porque no dejaba de ser un desconocido. Con Petyr era una sensación extraña: lo trataba como a un hermano pero, desde que la besó y le confesó sus sentimientos, una pequeña parte de su corazón se había vuelto rebelde y le hacía pensar en él de otra manera, asaltando su mente cuando menos lo esperaba. El último encuentro con él la tenía obsesionada: verlo todavía herido, cojeando, tan delgado pero tan esbelto, tomando su mano para llevársela a los labios… Y hablándole de su incursión en la habitación, donde lo había besado. ¿Por qué tuvo que hacer eso?
Ser Brynden ayudaba a Cat durante el reposo de Lord Hoster. Ese día tenía una reunión con él. Su tío estaba aguardándola en un salón secundario usado para visitas poco importantes. Su expresión era pesarosa. Catelyn se sentó a su lado y Ser Brynden le dijo que debían hablar del futuro de Petyr. «Está todo decidido, querida. Tu padre ha sido muy claro en este aspecto.» Por el tono de sus palabras, Cat imaginó lo peor. Y todo vino a confirmarse cuando su tío siguió hablando. Al término del encuentro, Ser Brynden abandonó la sala, dejando a la muchacha con el corazón en un puño. Tenía que hablar con Petyr urgentemente.
Ilustración: Elia Fernandez

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Capítulo 26


LYSA
Lord Hoster había sufrido un fuerte ataque que lo tenía postrado casi una semana. El maestre Vyman se quejaba de la racha de calamidades que se estaban sucediendo en Aguasdulces, como si hubiera caído una maldición sobre la casa y la familia. Lysa se sentía culpable de todo. Los habitantes del castillo, desde el propio maestre hasta el más humilde sirviente, miraban mal a Petyr, al que acusaban tácitamente de lo ocurrido a Lord Tully. La reunión se había celebrado a puerta cerrada y nadie, salvo los asistentes, conocían el contenido de lo que allí se discutió, pero lo cierto es que Petyr estaba en el ojo del huracán. A Lysa le mortificaba verlo como el chivo expiatorio que pagaría lo que había sido culpa suya, porque imaginaba lo que su padre le había dicho…
Ese sentimiento de culpabilidad le hizo comportarse como una abnegada cuidadora de su progenitor. A pesar de las molestias que aún tenía, se pasaba muchas horas al lado de la cabecera del enfermo, atendiendo todas sus necesidades. Lord Tully estaba consciente, pero apenas le dirigía la palabra a su hija desde que ésta le había confesado que Petyr era inocente, que ella lo había seducido. Lord Hoster no era capaz de digerir una noticia así y prefería seguir engañándose con la idea de que el seductor había sido Petyr. La joven lo entendía. Catelyn jamás hubiera cometido semejante bajeza, no era digno de una dama. Lysa siempre había sido alocada y muy apasionada, no pudo evitarlo.
Cierto día, mientras le daba de comer a su padre, éste le preguntó que cómo se encontraba. Ella no se lo esperaba y respondió con un simple «bien». Lord Hoster tomó su mano al tiempo que empezaba a hablar: «Hija, he sido duro contigo, pero tienes que ponerte en mi lugar. Eres una Tully de Aguasdulces, has de cumplir con tu destino y casarte con un hombre de tu condición social. He decidido concertar tu matrimonio.» A Lysa empezó a temblarle el labio… ¿Qué estaría maquinando su padre? Ella esperaba un niño de Petyr, pero hablaba de casarla con alguien de su misma categoría… «Padre, quiero a Petyr y estoy embarazada de él. No creo que nadie más pueda ser mi esposo.» Lord Hoster clavó su ojos en ella de tal manera que la hizo estremecerse. «No tendrás un bastardo de ese sinvergüenza. Sólo te ha utilizado para ascender socialmente. El maestre te dará Té de la Luna y será como si nada hubiera ocurrido.» Lysa escuchaba sin dar crédito ¡Quería que matara a su bebé! ¿Estaría durmiendo y teniendo una pesadilla? Su padre continuó: «Te casarás con Lord Jon Arryn y te marcharás al Valle. El Lord Protector necesita una esposa joven y capaz de darle hijos, y ya hemos comprobado que tú eres fértil. Tu tío Brynden lo ha arreglado todo para que se celebre tu matrimonio el mismo día que el de tu hermana.» Con estas palabras dio por finalizada la conversación y la echó del cuarto. Lysa no tuvo oportunidad de replicar, aunque de nada hubiera valido. Tras todo lo ocurrido sólo le quedaba ser obediente y aceptar que los demás decidieran por ella. La niña rebelde y despreocupada ya no existía: se había convertido en una marioneta cuyos hilos movían otros. Pensó en la vida que le esperaba: obligada a beber el Té de la Luna y renunciar a su hijo, casada con el viejo Jon Arryn, expulsada de Aguasdulces, alejada de Petyr… Era para volverse loca. 

Salió de la habitación sin saber hacia dónde ir. Catelyn estaba muy ocupada atendiendo Aguasdulces en lugar de su padre y tampoco la escucharía. Siempre la había criticado por su irresponsabilidad y ahora se demostraba que tenía razón. Cat no sospechaba que estaba embarazada. A ella sólo le había contado que dejó de ser doncella en el lecho de Petyr. Sin darse cuenta de cómo, se vio ante la puerta del cuarto del muchacho. Era el único con el que le apetecía hablar. Apenas lo había visto un par de veces en el comedor tras el ataque sufrido por su padre. No parecía haberse enterado de nada... ¿Seguiría creyendo que era Cat la joven con la que estuvo? ¿Acaso su padre no le había dicho que era ella, Lysa, la que esperaba un hijo de él? Llamó a la puerta y una voz le preguntó desde dentro que quién era. «Soy Lysa», contestó. Tras unos segundos de silencio, Petyr la invitó a pasar. El muchacho estaba recostado en la cama, en camisa, con las manos detrás de la cabeza. Observó a Lysa de reojo, mostrando su encantadora sonrisa. Ella entró confiada y se sentó junto a él en el lecho. Petyr empezó a hablar sin que ella le hubiera dicho nada. «Estoy hecho un lío, Lysa. Cat dice que no me quiere como yo a ella y, sin embargo, tu padre asegura que estuvo en mi cama mientras que yo me recuperaba de mis heridas. Tu hermana ha reconocido que me besó, pero para ella el deber es más importante que el amor. Tú no harías algo así, siempre has sido diferente…» Lysa escuchaba mirando al techo. Catelyn había besado a Petyr. Quién sabe qué más hizo con él… pero no, su hermana nunca se atrevería a eso. El muchacho se incorporó de repente y le cogió la barbilla, obligándola a mirarle. «Pero, ¿a quién estoy contándole todo esto? La única persona que siempre me ha querido eres tú, ¿verdad? No te mereces sufrir por mí.» Cambió el tono de su voz por uno más susurrante, mientras le pasaba un dedo por la cara. «¿Sabes que te eché de menos durante mi convalecencia?» Lysa respiró hondo. «Estuve contigo cuando dormías bajo los efectos de la leche de la amapola», dijo con voz baja y temblorosa. No se atrevió a confesarle la verdad por miedo a su reacción. Acababa de perder la única oportunidad de aclararlo todo y notó que las lágrimas luchaban por salir. Petyr parecía conmovido por los ojos llorosos de la joven. Durante un instante se quedaron mirando fijamente. Él bajó los párpados con un pestañeo lento y seductor, al tiempo que sonreía de aquella manera pícara tan suya. 

Lysa notó el olor a menta que emanaba de su boca. Se dejó llevar por sus sentimientos y besó al muchacho, que no se resistió, sino que respondió al beso al tiempo que le acariciaba el cuerpo por encima de la ropa. Lysa necesitaba con urgencia tocar la piel de Petyr y le abrió la camisa, besándole la cicatriz del pecho. El joven desató los cordones del vestido y se lo bajó, mirando su cuerpo, como si fuera la primera vez que lo veía. Lysa se ruborizó. Sabía que no era así, pero él no lo recordaba. Metió las manos en los rizos oscuros y atrajo su cabeza para volver a besarlo. Iba a ser la última vez que disfrutaría en un acto tan íntimo y no estaba dispuesta a renunciar. No había nada que perder ya. Petyr tampoco se refrenó, estaba totalmente entregado. Lysa paladeaba el momento. Después de aquel instante de placer compartido con el amor de su vida, ya no volvería a sentir nada igual casada con un viejo al que no había visto jamás. Borró ese pensamiento y se concentró en lo que estaba viviendo. Estaba con él y él con ella, de una forma real, sin delirios febriles. Se recostó y Petyr se colocó sobre ella totalmente desnudo. Notaba sus huesudas caderas entre sus piernas, moviéndose a un ritmo cada vez mayor. Lysa se movió a su vez y lo abrazó con fuerza. La cabeza del joven se hundió entre sus pechos. De repente, él empezó a respirar fuerte y a gemir. Ella, alentada, también dejó salir un suspiro profundo. Cuando estaba en la cima del placer, como fuera de sí, Petyr estalló en un grito «¡Oh, Caaaat!» Agotado, se durmió sobre Lysa, que lloraba. No sabía si de alegría o de tristeza.

martes, 11 de septiembre de 2012

Capítulo 25

 
PETYR
El encuentro con Cat lo había dejado aturdido. Ya no sabía qué pensar… Catelyn parecía turbada cuando habló con él, ni siquiera pudo negar que lo había besado, pero tampoco le confesó que lo amara. Seguía siendo como su hermano y lo quería como tal; al menos eso creyó entender de las palabras de la muchacha. Se notaba un poco febril. Posiblemente eran los nervios por el encuentro con Lord Tully. Se colocó bien el jubón y reemprendió la marcha lentamente.
Entró por fin al salón principal. Allí lo esperaban Lord Hoster, Ser Brynden Tully y Vyman. No se explicaba qué pintaba allí el maestre. A lo mejor tenía que darle alguna mala noticia sobre su salud y las secuelas que las heridas le iban a dejar. Lord Hoster le indicó una silla con un gesto de cabeza. Su rostro tenía una expresión dura. Él posó sus ojos en Brynden, esperanzado. Había sido un confidente bondadoso en sus años infantiles y tenía fe en que lo defendería de la ira de Lord Tully. Tomó asiento y esperó a que el señor del castillo empezara a hablar. Aparentaba calma, pero las venas de la frente aparecían hinchadas. Fue directo al grano. «Petyr, estoy profundamente decepcionado. Aquí te hemos tratado como a uno más de la familia durante casi diez años, he compartido contigo el pan y la sal, has disfrutado de las comodidades de Aguasdulces y, lo que más me duele, has contado con la confianza de mis hijos…» Petyr estaba perdido, sin saber hacia dónde se dirigía el discurso. Lord Hoster seguía hablando: «Me has pagado avergonzándome ante la casa Stark, con la que he contraído una alianza poderosa, atreviéndote a retar al mismísimo heredero de Invernalia y prometido de mi hija.» ¿Le iba a echar un sermón por haber retado en duelo a Brandon Stark? ¿Acaso era ilícito hacerlo? Dejó que el señor de Aguasdulces continuara, esperando la finalidad de esa especie de introducción. «…Y lo peor no es eso.» Ahora Petyr ya no se imaginaba qué podría ser peor. Por primera vez, su cara de inocente frente a Lord Hoster era real. «Has deshonrado a la sangre de mi sangre de la manera más sucia y vil. Te has aprovechado de la inocencia usando alguna de tus tretas, pero esta vez no me valen excusas. Las pruebas son más que evidentes. ¿Qué tienes que decir en tu defensa?» ¿De qué demonios estaba hablando? El maestre Vyman asintió ante estas palabras cuando Lord Hoster lo miró, buscando su confirmación. Petyr no sabía qué responder porque desconocía de qué lo culpaban. Por un momento pensó en el beso de Cat. ¿Se referirían a eso? Se armó de valor y, sin saber de dónde le salían las palabras, respondió: «Mi señor, he estado un mes convaleciente, entre la vida y la muerte. Diré en mi defensa que retar a un duelo por amor no es ninguna deshonra. Su hija es digna de lo mejor y yo no soy nadie, pero hasta los seres más humildes merecen una oportunidad en la vida.» Lord Hoster lo escuchaba atónito, mientras su hermano Brynden le pedía calma y con un gesto invitaba al muchacho a continuar. Petyr, alentado, prosiguió. «Decís que he cometido un delito aún más grave que deshonra a su hija… Perdonadme si os digo que fue ella la que lo hizo voluntariamente.» Lord Hoster estalló en un grito: «Pero, ¿qué dices canalla? ¿Estás insinuando que mi hija se metió en tu asquerosa cama porque quiso? ¡Juro que te mato aquí mismo, escoria inmunda!» Ser Brynden apenas lograba sujetar a su hermano, que ya había empezado a desenvainar la espada. Petyr retrocedió asustado, al tiempo que se mareaba al comprender el alcance de lo que Lord Tully acababa de gritar ¡Cat en su cama, su doncella de nieve era ella! Entonces no fue sólo un beso… ¡Todo lo demás también era real! No sabía si reír o llorar. Lo amaba y se iba a casar con otro. El señor del castillo le apuntó con un dedo amenazador, al tiempo que gritaba «¿Quién te crees que eres, Meñique? ¡Jamás habrá un Baelish en mi familia, lo juro por los Siete! ¡Y te rebanaré el cuello como digas una palabra de est…!» Lord Hoster se desplomó de repente con el rostro congestionado.